El Club de los Poetas Muertos: “Carpe Diem”


Carpe Diem. Aprovecha el momento. Uno de los discursos inspiracionales que más rápido vienen a la mente cuando pensamos en los del cine es esta escena de El Club de los poetas muertos.

Acérquense, escuchen. ¿Lo oyen? Caaaaarpe Dieeeeeem. Aprovechad el momento chicos, haced quevuestra vida sea extraordinaria

SABER ESCUCHAR ES UN DON QUE ATRAE A LA GENTE

Saber escuchar es un don que se valora en cualquier circunstancia.

Cuando un aspirante a la política le solicitó consejo al juez Oliver Wendell Holmes, con respecto a cómo lograr ser elegido para un cargo público, éste le escribió:

‘Saber escuchar a otros de una manera benévola e inteligente es quizá el mecanismo más eficaz del mundo para llevarse bien con la gente y asegurar su amistad para toda la vida. Son poquísimos los que emplean la ‘magia blanca’ de saber escuchar’. Si nos vamos al terreno de los negocios Peter Drucker sostiene que “ ser maravilloso con las personas significa escucharlos bien”

ES PRECISO QUE USTED SEPA LO QUE LA GENTE QUIERE, LO QUE NECESITA Y LO QUE ES. Y para ello hay que SABER ESCUCHAR.

DISTINCIONES de la Escucha
Escuchar las palabras que se dicen
Escuchar las acciones en el lenguaje que aparecen
Escuchar la inquietud que el otro trae a la conversación
Escuchar el estado de ánimo desde el cual habla
Escuchar el contexto en el cual es dicho lo que se dice
Escuchar el ámbito de acciones posibles que se comprometen o hacen lo posible al decir lo que se dijo
Escuchar la interpretación que generamos de lo que escuchamos
Escuchar los trasfondos posibles de la conversación
Escuchar el espacio de posibilidades que se abren o se cierran
‘Escuchar’ (captar) las emociones que están en juego
Escuchar las historias personales (background o trasfondo)
Escuchar las prácticas sociales (cultura)

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Tratando de valer, te olvidas de ser

gato-encubiertoTratando de valer, te olvidas de ser” ”Un aspirante a psicomago no debería imitar si desear ser imitado”. Todo esto y más nos dice Alejandro Jodorowsky pero, ¿por qué nos empeñamos en seguir pintándonos con los colores de nuestra tribu?.

Contesta Cristóbal Jodorowsky: “Nuestro árbol genealógico, nuestro inconsciente, es como una tribu. Tiene miedo a que nos diferenciemos de él. Somos portadores de los conflictos no solucionados de nuestro árbol genealógico y eso se manifiesta en nosotros de muchas maneras…”

Anne Ancelin Shützenberger, le sigue: “A veces esta lealtad invisible sobrepasa los límites de la sensatez y sin embargo se repite. Solemos mantener una poderosa e inconsciente fidelidad a nuestros designios familiares: a sus tradiciones, a sus traumas, a sus secretos, a sus proyectos más o menos advertidos. Adoptamos los sentimientos de la familia como si fueran propios”.

Aquí está Marianne Costa para recordarnos que nacemos como un ser con todas las posibilidades del ser, con un primer latido de embrión que parte del “neutro” y desde un lugar que permite todos los logros imaginables. Aunque la familia nos limite, nos imponga misiones, nos forme y nos deforme y le sigamos imitando la identidad que nos dan por una lealtad infantil que esconde el miedo a ser expulsados del clan, siempre estamos a tiempo de volver a ese neutro y llegar a ser lo que de verdad somos.

Redondea Alejandro Jodorowsky: “No hay mayor felicidad que ser lo que uno es”

Impacto de las redes sociales

Redes_Sociales

¿Eres resiliente?

Aunque parezca una paradoja, bastantes personas tienen la capacidad de salir fortalecidas tras pasar por una experiencia traumática.

Hay personas que son capaces de resistir situaciones extremas y salir fortalecidas de ellas.

 

Eric AbidalMaria de Villota, el científico Stephen Hawking o el malogrado actor Christopher Reeve (entre otros muchos) cuentan con un denominador común si prestamos un mínimo de atención. Todos ellos hicieron, en un momento dado de sus respectivas vidas, del sufrimiento, virtud. En su día, la fatalidad les golpeó sin miramientos (un cáncer de hígado, la pérdida de un ojo o quedarse postrado en una silla de ruedas para el resto de sus días), pero lejos de hundirse, paradójicamente todos ellos salieron fortalecidos del trauma vivido.

Este fenómeno responde al nombre de resiliencia. Según la definición de la Real Academia española, se trata de “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”.

Hay bastante consenso entre los investigadores a la hora de identificar a la estadounidense Emmy Werner como la pionera en efectuar un estudio, a mediados del siglo XX, sobre resiliencia. Werner heredó el concepto del psicoanalista británico John Bowlby, quien a su vez lo tomó prestado de la Física. De este ámbito es de donde procede, originariamente, el término.

La Física lo define como la capacidad que tienen algunos metales para doblarse y luego volver a su posición original cuando se deja de ejercer presión sobre ellos. En psicología, “se usa la metáfora de los juncos” para explicar el concepto, relata a LaVanguardia.com el profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, Gonzalo Hervás. “Cuando el caudal aumenta considerablemente, los juncos de los ríos se doblan, sin romperse y sin quebrarse, y luego vuelven a su posición original cuando las aguas recuperan su aspecto habitual”, añade.

¿Es posible ser resiliente, o es algo genético?

Son muchas, o bastantes para ser exactos, las personas que tienen, entre sus aptitudes, la de ser resilientes. Aunque puede tener algo que decir, la genética no determina de manera unívoca que un individuo cuente o no con esta, dijéramos, habilidad. Y es que se puede aprender a ser resiliente, aunque no todo el mundo puede hacerlo. “Uno puede pensar que el porcentaje de respuestas resilientes es minoritaria. Pero en realidad es bastante más alta de lo que esperaríamos, entre un 30 y un 50%. Es algo frecuente ser resiliente, y mucha gente se sorprende a sí misma cuando lo descubre”, esgrime Gonzalo Hervás.

El problema radica en que para saber si uno cuenta, o no, con esta capacidad es necesario pasar por una experiencia extrema. “Esa es la prueba de fuego y es lo que hace que uno lo confirme”, asegura el profesor de la Complutense. De hecho, “la persona (y esto enlaza con otro concepto psicológico que se llama crecimiento tras la adversidad) descubre esas capacidades nuevas que desconocía y se siente mucho más seguro para enfrentarse a otras experiencias. Uno redescubre cuáles son sus determinados valores, y esto conduce a un cambio vital, de filosofía de vida”, agrega.

Para muestra, un botón. “Ahora veo más que antes lo que es importante en la vida”, dijo la piloto de Fórmula 1, Maria de Villota, días después de perder el ojo derecho a causa de un accidente con su monoplaza.

Identificada como una patología

En el siglo pasado, a las personas resilientes, por desconocimiento, se les había llegado a tachar de enfermizas. “Antes, cuando no había ni siquiera términos, y por supuesto menos aún teorías sobre aspectos positivos relacionados con las fortalezas humanas, se interpretaban estas realidades con las teorías que habían. Y sólo había teorías para lo negativo”, recuerda Hervás.

En consecuencia, al final se acababa identificando un rasgo positivo como algo patológico: que si estaban reprimiendo, que si estaban encapsulando la vivencia traumática y no la estaban expresando… cuando, en realidad, eran personas resilientes al 100% que estaban sumergidas en un proceso totalmente sano.

Cabe remarcar que una persona puede tener experiencias de dolor sin que, necesariamente, tenga que vivirlas en el plano más social. “En paralelo, incluso, puede mantener una actitud bastante positiva, sin perder la capacidad de disfrutar”, esgrime Hervás.

La fe, ¿generadora de personas resilientes?

Se ha observado que la espiritualidad y la religiosidad pueden ayudar a algunas personas a ser más resilientes. Y lo pueden hacer por la vía de dar sentido a determinadas experiencias adversas y, también, por el apoyo social que pueden recibir las personas que pasan por un trauma vital (al contar con un entorno que puede favorecer la expresión de las emociones).

“Pero es muy importante la flexibilidad”, recuerda Hervás. “Las creencias demasiado rígidas, sean de tipo religioso o de otro, están asociadas a una peor recuperación tras la adversidad”, añade.

Sacar partido a la adversidad

Al final, todo se reduce a intentar sacar la parte positiva de una situación extrema vivida, algo nada fácil. Y es que hay que ser consciente de que la adversidad está presente en nuestras vidas y antes o después vamos a encontrarnos (en mayor o menor medida) con ella. “Hay que intentar aprovechar las oportunidades que te pueda dar la adversidad. En frío, todo el mundo preferiría obviarla, pero una vez estás sumergido en una situación difícil hay que intentar, en la medida de lo posible, tratar de sacar algo bueno de ella”, remata Hervás.

El efecto de la crisis sobre la salud mental

Las consecuencias de la crisis económica son de todos conocidas: empresas que quiebran y se ven obligadas a cerrar, trabajadores que pasan a engrosar las cifras del desempleo, familias que no pueden llegar a fin de mes, personas que no pueden hacer frente a sus hipotecas y se ven abocadas al desahucio… Todo ello no se limita sin embargo a una cuestión económica o a un problema para garantizarse las necesidades básicas de alimento, vivienda y unas condiciones de vida dignas, sino que conlleva numerosas implicaciones personales y psicosociales. Está establecido de manera sólida que las circunstancias socio-económicas en las que se ha de desenvolver una persona se asocian a aspectos como su nivel de bienestar subjetivo, su calidad de vida y su salud y, como una dimensión más de ésta, a la posibilidad de sufrir problemas que afectan a la salud mental en concreto.

La crisis nos enferma

Incluso para aquellas personas que tienen la suerte de estar dentro del mundo laboral, la crisis también les pasa factura. Se impone, desde la óptica de la empresa, el hacer más por menos. Más horas de trabajo por menos remuneración, más implicación por menos categoría… e incluso donde el agradecimiento y la valoración, está en un segundo plano o inexistente.

¿Existe cura?

Siempre es mejor el arte de la prevención…. pero la sociedad actual nos arrastra a un torbellino de situaciones, donde las emociones siempre se encuentran a flor de piel.

Tenemos que ser felices, debemos ser capaces de administrar el desgaste de nuestras emociones, debemos ser inteligentes en este aspecto, tenemos que cultivar dentro de nosotros el arte de “Felicidología”.

Felicidología es la ciencia que trata la felicidad de esta vida, a través de un camino lógico, de unas pautas lógicas para vivir.
¿Cómo está compuesto tu mundo interior? ¿Porqué vivimos con tanto conflicto interno? y ¿qué hacer para alcanzar la paz? Una paz que no sea un rendirse, sino más bien que represente la felicidad que desde siempre hemos anhelado.

Para alcanzar esta paz es importante aprender a gestionar tus emociones y encontrar su origen. Negarlas o reprimirlas solamente nos produce desasosiego y afecta nuestra vida, nuestra felicidad, nuestra salud, nuestras relaciones y nuestro rendimiento. Es importante aprender a construir las estructuras mentales fundamentales para ir creando nuestra vida de forma que nuestros problemas sean llevaderos y nos sirva para crecer.

Han sido muchos los escritores, filósofos, y grandes hombres en general, que a lo largo de la historia, han hablado de la felicidad. Hay mucho escrito sobre el tema. Y hoy día, la felicidad es uno de los temas estrella en las secciones de auto-ayuda de cualquier librería o biblioteca. Sin embargo, nos encontramos ante una paradoja. Según las encuestas, en el llamado “primer mundo” la sociedad busca y obtiene mayores ingresos económicos, pero la felicidad de la gente apenas aumenta; sin embargo, en los países menos desarrollados económicamente, con niveles de renta bajos, hay más felicidad, y también menos delincuencia, menos depresión, menos estrés, menos alcoholismo… que en el primer mundo. ¿Por qué? Porque los bienes materiales no dan la felicidad.
Al decir de los clásicos, todos los seres humanos quieren vivir felices, y nacen con todo lo necesario para lograrlo; pero al ir a descubrir lo que hace feliz la vida, van a tientas, y se hace difícil conseguir la felicidad.
En esta sociedad Occidental en la que vivimos, y una vez superada la escasez económica, quizás el aburrimiento sea nuestro mayor peligro. Necesitamos saber qué hacer con nuestra vida, pues de ello depende nuestra felicidad.
Citas:

  • Evita, por encima de cualquier circunstancia, la tristeza; que tu alegría no sea tanto de las circunstancias favorables como fruto de ti mismo. Periandro de Corinto.
  • Cuando hacemos lo que es correcto y  bueno, estamos abonados a ser felices. Sri Ram.
  • Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro. Platón.
  • No hay más que una manera de lograr la felicidad: vivir para los demás. Tolstoi.
  • No aspires jamás a la vanidad de ser rico; contribuirás a que haya pobres. Entrégate al natural deseo de ser dichoso; hay felicidad para todos. Máxima Pitagórica.
  • La felicidad del ambicioso depende de la acción ajena; la del voluptuoso, de sus pasiones; la del prudente, de sus propios actos. Marco Aurelio.
  • El hombre que con paciencia y perseverancia dedique toda su vida al descubrimiento del Bien y la Verdad, gozará de una felicidad profunda. Confucio. 

 

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¿Te atreves a soñar?

Espero que os guste.

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