Saber esperar

tiempoTodo tiene su tiempo. Los que cultivan el campo saben que hay un tiempo de sembrar y un tiempo de recoger. Los padres van descubriendo poco a poco las distintas etapas del crecimiento de sus hijos. El aprendizaje, la creación, el desarrollo… todo tiene unos ritmos propios que necesitan seguirse en el orden adecuado. La propia naturaleza se expresa cíclicamente, y cada uno de esos ciclos representa unas posibilidades diferentes y únicas. Saber esperar y aprovechar cada momento es una clave de éxito no cuantificable en dinero, sino en felicidad.

Hace muchos años se hizo un experimento en un colegio. La profesora dejó unos caramelos en la mesa de cada niño y les dijo, antes de salir, que si esperaban a que ella regresase sin comérselo, les daría otro. Evidentemente, tal cual salió la profesora de clase, unos chicos se lanzaron sobre las golosinas, mientras que otros, pensando en la doble recompensa, esperaron hasta el regreso de la maestra. Tras el experimento se hizo un seguimiento del desarrollo de los niños en el colegio y en el entorno laboral, y lo que se vio fue que los que supieron esperar alcanzaron puestos de trabajo más altos que los que no.

Este ejemplo, aunque enfocado al éxito profesional, da una idea de las capacidades psicosociales que se desarrollan cuando se aprende a guardar los tiempos. En otro contexto, podríamos echar un vistazo a la creciente ansiedad por el ¡ya! Lo inmediato se vende como lo mejor. Desde la comida hasta la limpieza, pasando por los trámites burocráticos o los tratamientos médicos. Cada vez hay más facilidades para obtener lo que necesitamos sin tener que esperar. Sin duda eso es bueno, pero genera un efecto secundario que nos ha pasado desapercibido y que se nos cuela sin darnos apenas cuenta, y es que perdemos la capacidad y el deseo de esperar. Nos volvemos impacientes.

Paradójicamente, mucha gente corre en el coche o en el transporte público para llegar a un trabajo que detesta, y del que está deseando salir corriendo cuando se acerca el fin de nuestro horario. Somos capaces de no comprar algo si hay que hacer demasiada cola y se ha demostrado tras un estudio que tras pulsar el botón del ascensor, la gente empieza a impacientarse a los 20 segundos.

Pero ¿por qué odiamos esperar? Hay una especie de sentimiento de pérdida de tiempo, de filtración de la vida por los resquicios de las colas y los turnos. Algo que nos hace apresurarnos para hacerlo todo más rápido, tragar sin saborear, querer tener fruta de temporada todo el año y obtener los beneficios sin esfuerzo.

En los trabajo de Daniel Goleman, uno de los padres de la idea de Inteligencia Emocional, señala que uno de los secretos de la felicidad está, precisamente, en saber esperar. Es lo que se llama “demorar la recompensa” y que resume la capacidad de trabajar con la propia voluntad. Nada más filosófico que eso, porque básicamente ofrece a todos la posibilidad de modificar la forma de enfrentarse a su propia vida, de aprovechar las experiencias, no los minutos.

Y es que dejar que el tiempo cumpla su propio ciclo también es una forma de aprovechar el tiempo, de no dejar que la vida se nos escape en la prisa por vivir, porque la vida es, ante todo, tiempo que se vive, no que se pasa.

Hasta siempre y gracias