El Arte De Hacer El Ridículo Y Reírse De Uno Mismo

Es común que las personas vayamos por la vida tomándonos muy en serio. Uno crea su propia imagen y se convence de ella. Sin embargo quienes nos rodean suelen tener otra percepción de uno, a veces incluso muy distinta. Ellos perciben con más facilidad nuestros aspectos ridículos, esos que uno acostumbra si acaso ver de reojo, aunque por lo general prefiere rehuir cualquier conocimiento acerca de su existencia.

Acostumbramos reír con facilidad de los aspectos absurdos de otros, pero pocos se atreven a hacerlo de sus propios rasgos psicológicos personales. Esto constituye una resistencia comprensible a ver el ego propio, con todas sus deformidades. No resulta muy agradable, en primera instancia, descubrir las fealdades que uno carga en su psique. Pero esto resulta lógico, lo importante es atreverse a dar el siguiente paso.

Es digno de observar que las personas que son capaces de reír incluso de manera pública de sus propios absurdos suelen generar una gran confianza en sus semejantes y son percibidas como gente inteligente y sensible. La ganancia, en términos de empatía, es notoria. Implica que hay un cierto conocimiento de la naturaleza humana y que por lo tanto resultan confiables.

También resulta muy frecuente que los seres humanos vayamos creando de manera decidida una imagen de seriedad y formalidad ante el mundo, con la pretensión de generar la percepción de que somos respetables y merecedores de la confianza que requieren los negocios o quehaceres de la rutina cotidiana propia de cada cual. Si así se prefiere, eso está bien, no tenemos necesariamente que pretender un cambio. Lo que resulta trascendente es la actitud interior, cuál es el nivel de conciencia sobre uno mismo.

Si eres consciente de tus propios absurdos, si empiezas a descubrirte tal cual eres, entonces puedes reír con soltura de esos aspectos ridículos que cargas en tu interior. Y créeme que vas a descansar. Te quitarás un enorme peso de encima cuando te atrevas a hacerlo. Esto puede ser sólo ante ti, en la soledad, o en compañía de alguna persona cercana a tu vida, si así lo prefieres, o ante un psicoterapeuta profesional. Los más osados lo hacen ante desconocidos. Pero lo importante es atreverse a descubrir las situaciones verdaderamente absurdas que uno carga en su interior.

Es relevante tener claro que no se trata de convertir esto en un dogma sino tomarlo como una sugerencia que puede ayudarte a experimentar un cierto descanso ante la pesada carga que significa traer a cuestas la imagen de excesiva seriedad e importancia sobre tu persona.

Esto del despertar interior resulta muy divertido cuando uno es capaz de reír sobre sus propios comportamientos y actitudes ridículas, las cuales va descubriendo en el proceso del autonoconocimiento y comprensión de sí mismo. Entonces esto empieza a tener un cierto sabor muy interesante.

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