Señores que saben mucho de lo que saben, y lo transmiten, y lo disfrutas… Y lo entiendes

Empirika

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Salamanca acoge Empírika, la Feria Iberoamericana de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.

Esta primera edición del certamen tendrá lugar del 12 al 21 de noviembre de 2010.

Está prevista su celebración cada dos años, comenzando por Salamanca para pasar por São Paulo (Brasil) en 2012, la capital de México en 2014 y Bogotá (Colombia) en 2016. Finalmente, la feria regresará a España en 2018 coincidiendo con la celebración del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca.

Daniel Hernández Ruipérez, rector de la universidad salmantina, ha asegurado que “no se trata de una feria al uso”, sino que “pretende ser mucho más e integrar la Ciencia, la divulgación y la cultura en la ciudad y en el público en general”, ya que “la Ciencia es cultura, uno de los grandes aspectos de la cultura”.

Miguel Ángel Quintanilla, director del Instituto de Estudios de Ciencia y Tecnología y promotor de esta iniciativa, ha manifestado que el evento es “una oportunidad para que entren en contacto, las empresas, los científicos y los ciudadanos” y que “por primera vez en Europa se va a realizar un evento de estas características, para potenciar el aspecto científico, económico, empresarial e industrial de Iberoamérica”.

Una de las actividades centrales de la feria serán los stands que las entidades participantes, tanto públicas como privadas, llevarán a Salamanca para dar a conocer el trabajo de investigación que desarrollan, con laboratorios científicos y proyectos concretos. Asimismo los visitantes tendrán la oportunidad de mantener una charla distendida con científicos de renombre dentro de un evento llamado Cafés con Ciencia, entre otras actividades abiertas al público en general.

Exposición Julio Verne, de la imaginación a la realidad

Exposición de Julio Verne

Han transcurrido ya más de cien años de la muerte de Julio Verne, autor de míticas obras como “Viaje al centro de la Tierra”, “20.000 leguas de viaje submarino”, o “La Vuelta al mundo en 80 días”.

Julio Verne era un gran estudioso de la Ciencia y de la Tecnología y logró imaginar muchos de los avances que años más tarde se harían realidad. Sus grandes capacidades de descripción e imaginación unidas a una gran perseverancia, hicieron que fuese el escritor más leído del mundo.
En resumen, la exposición “Julio Verne, de la imaginación a la realidad” pretende ofrecer una muestra de los aspectos más significativos de toda una figura de la literatura clásica, a la vez que nos acerca a los temas científicos y tecnológicos que le inspiraron.
“Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”

Julio Verne
Fecha: 27 de octubre de 2010 - 21 de noviembre de 2010
Museo de la Ciencia de Valladolid

No hay nada más incierto que la percepción del mundo exterior

Autor: Eduard Punset

“No te dejes matar por lo que dice tu cerebro”, le dije. “Si no defendiera mis convicciones, sería un cobarde”, me replicó con rostro sombrío.

“Lo que te estoy sugiriendo es que la percepción de cobarde puede no coincidir con la realidad, de la misma manera que la palabra gato no tiene, necesariamente, ni el color ni la forma del animal que representa”, añadí.

Un vecino de asiento en el AVE en el trayecto Madrid-Barcelona estaba intentando convencerme de que iba a enfrentarse con quien hiciera falta para defender sus convicciones por alguien ultrajadas y sostenía que estaba dispuesto a todo. Yo intentaba transmitirle, sin éxito, algo que aprendí hace más de una década en el despacho de uno de los mayores neuropsicólogos del mundo, Richard Gregory, en la ciudad de Bristol (Gran Bretaña).

Estamos convencidos de que la percepción que tenemos del mundo exterior es la correcta. Creemos a pies juntillas lo que estamos viendo. La verdad es que no hay nada más incierto.

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Ilusión óptica de la página web de Akiyoshi Kitaoka, profesor del Departamento de Psicología de la Ritsumeikan University, en Kyoto, Japón.

Para representar la realidad, nos servimos de palabras o de sensaciones. Es indudable que las palabras, como sugería antes, no tienen ni la forma ni el color de lo que representan: cuando decimos zapato, gato o tenedor, estamos recurriendo a un vocablo que no se parece en nada al objeto que representa. La palabra en cuestión no tiene ni la forma ni el color de un zapato, un gato o un tenedor y, sin embargo, representa esos objetos.

Igual ocurre, o puede ocurrir, con las sensaciones. Puedo sentir la ansiedad provocada por un estímulo exterior o dejarme embriagar por la belleza rojiza de una puesta de Sol. Ahora bien, ¿quién sabe si la realidad de la belleza o la ansiedad representada por la sensación en cuestión es como la mente nos sugiere que es? Sería muy raro y extraordinario que fuera así.

Es posible –estoy dispuesto a aceptarlo– que la percepción que tenemos del universo no sea una ilusión, pero lo que estamos sugiriendo es que la ciencia no es tan objetiva como parece y como a veces se le atribuye. Partimos de algo incierto: una percepción que tiene un soporte material –como unas ondas magnéticas que transmiten un sonido si se trata de un alarido–. Pero dicho soporte material está muy alejado de la palabra o sensación fabulada por nuestro cerebro. Los objetos representados por nuestras palabras o sensaciones son muy distintos del soporte material que los sustenta: fuerzas electromagnéticas u ondas vibratorias.

Partimos de algo incierto y, sobre ese imponderable, la mente lanza una hipótesis que puede o no puede coincidir con la realidad. Lo sabremos recurriendo –para completar este conocimiento– a los datos almacenados en la memoria y a nuestra capacidad para aprender en el futuro. Con estas dos claves urdiremos nuestra visión de la realidad.

Estamos ya en disposición de anticipar dos rasgos que definen la memoria: por un lado, sirve para interpretar una impresión de orden general, pero es, al mismo tiempo, muy imprecisa en el detalle. En otras palabras, no recordamos muy bien los pormenores de un asunto ocurrido en el pasado y, lo que es peor, confundimos la fuente. ¿Quién nos dijo tal cosa o dónde la vimos? Pero, lo que es más grave, está comprobado que el contenido de la memoria está influenciado por nuestras convicciones actuales sobre lo que haya podido ocurrir.

En cuanto a la segunda clave a la que recurrimos para disponer de una representación correcta de la realidad, nuestra capacidad de aprendizaje, resulta que el sistema de enseñanza habría que cambiarlo de arriba abajo, según dicen los especialistas. ¿Alguien sigue pensando –además de mi vecino del AVE– que vale la pena dejarse matar por lo que nos dice el cerebro?

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